Casi no me atrevo a escribirte.
Yo, Ignacio, soy un viejo y tú eres joven. Yo viví
en el tránsito de la edad media a la edad moderna,
tú vives en plena modernidad y postmodernidad.
Yo nací en el Viejo mundo europeo, tú en
el Nuevo mundo de América Latina. En mi tiempo
se vivía una fe tradicional, un cristianismo que
pasaba de padres a hijos. Y aunque nuestra vida, mi vida
de joven, no estaba de acuerdo con la fe recibida, nunca
dudábamos de la existencia de Dios, Ser cristiano
era algo connatural, que no se discutía.
Todos blasonábamos de la pureza de la fe y estábamos
convencidos de que fuera de la Iglesia no había salvación.
Era la época de Cristiandad, de las cruzadas, la inquisición
y del proselitismo religioso. Yo estuve a punto de matar a un
moro porque cuestionaba de la virginidad de María. Mi
compañero Francisco Xavier recorrerá un día
la India, las Molucas y el Japón para anunciar el evangelio,
pues le angustiaba pensar que sus habitantes se condenarían
si no se los bautizaba y entraban en la Iglesia...
Pobre en bondad: Ignacio de Loyola. Tomado de Víctor
Codina SJ;
“Ante todo, Dios”. http://www.cpalsj.org/cgi/cgilua.exe,
1 de marzo 2006.